Mis visitas a la casa materna han implicado a través de los años reencontrarme con viejos libros. A veces los hojeo. Veo con cariño, por ejemplo, un ejemplar de La guerra del fin del mundo que hallé de remate cuando estaba en el colegio. Creo que fue el segundo libro de Vargas Llosa que leí (el primero fue, esperablemente, La ciudad y los perros). Tiene la letra minúscula, enana. Debo haber sido un lector voraz de adolescente, no lo recuerdo. También me reencuentro con varios libros peruanos de 1999. Esto se explica por la circunstancia laboral descrita en el párrafo anterior. He empezado a separar algunos con la intención de volverlos a leer. La idea no es solo reencontrarme con ellos, sino conmigo, con mis gustos y disgustos de ese entonces. No dudo de que he cambiado. Al igual que con la metáfora del río, no es posible sumergirse en el mismo libro dos veces.
Volver como lector a 1999 trae consigo la posibilidad de descubrir joyas. Debo la fantasía a un libro en inglés de 1971 -también hallado en la casa materna- que compré probablemente en algún momento de los noventa. Se llama Rediscoveries y es una antología de ensayos sobre rescates literarios. Su intención reza así sobre la tapa:
Informal essays in which well-known novelists rediscover neglected works of fiction by one of their favorite authors
El ensayo introductorio, muy bueno, es una meditación sobre la naturaleza del olvido que sufren ciertas obras literarias de calidad (es un libro norteamericano). Hay un listado de casos posibles. Cito dos: 1) la obra de calidad a la que nadie prestó atención en su momento; y 2) la obra de calidad que fue leída y elogiada en su momento, pero que el tiempo enterró. No conozco la mayoría de libros citados en Rediscoveries. Reconozco dos, leídos hace mucho: Adolphe de Benjamin Constant (lectura universitaria) y Los de abajo de Mariano Azuela (lectura escolar). Un vistazo a la lista completa produce un pequeño vértigo, no tanto por aquello que no se ha leído, sino por lo potente que es el paso del tiempo. En 1971 un rescate literario era Paths of Glory a pesar de la película de Kubrick; en 1971 Revolutionary Road , publicada en 1961, ya era una novela olvidada que merecía releerse. Como muchos, la descubrí recién vía la película protagonizada por Leonardo di Caprio y Kate Winslet.
Si así es el olvido, ¿qué azares fundamentan el éxito o la permanencia? También podemos pensar en lo vano del éxito literario circunstancial o coyuntural. Llamémoslo una ficción más. Sea como sea, el redescubrimiento de una joya enterrada por el tiempo le debe más al azar, al impulso irracional, a la frívola curiosidad. O a un simple juego, como creer que en 1999 empieza algo importante tan solo por la seguidilla de nueves.